lunes, 28 de septiembre de 2009

Acerca de la soledad

Hay quienes se asustan ante la Soledad, hay mentirosos que la dicen disfrutar… Ambos me parecen patéticos. La soledad nunca ha sido bien abordada. Es falso eso que dicen que es fría, amargada y silenciosa, sólo son detalles para ocultarse. Siempre he dicho que el mejor disfraz es el que llevas a diario, y la mejor mascara tu rostro… no necesitas nada más que dejarte a la vista para que nadie te encuentre verdaderamente. Si no su novio, quizá uno de sus mejores amigos… Mañana te cuento.

No creí que Soledad fuera tan buena beisbolista… además de saber como invitar a la reflexión: "Cantos de sirenas, cortejo, falsos halagos ¿notaste la diferencia?" Ese es el problema con las mujeres de hoy en día.

Dicen que la curiosidad acabó con los gatos de la calle… No es cierto, los mató Raúl en sus apuestas clandestinas. Las ha organizado desde hace tres meses… consiste en ver qué gato llega más lejos en un pasillo improvisado de rejas y jaulas para que solo pudieran correr en una dirección. Del monto total en cada carrera, el treinta por ciento es para Raúl, el resto se reparte entre los ganadores. Cinco carreras por sesión. Todos atentos. Felinos en las jaulas de partida, baño de gasolina y "en sus marcas, listos… ¡Fuego! Felicidades al que apostó por el manchado… Gracias a Martín, el de la veterinaria, por donar los dos de esta carrera. Los próximos fueron encontrados por Lourdes, la callada. Los encontró en el vecindario de Doña Esperanza… ¡No son de ella! Vengan, acérquense. ¡Apuesten o a la próxima cobro por entra a ver...!" Los animales son necesarios, pero los excesos son malos. Se que es cruel, y no trato de justificar a Raúl. Lo que me sorprende es el grado de organización y control que logra con los de la escuela: "castiga" a los que no dejaría ver "el espectáculo" y se cumplen sus órdenes, además, les cobra por ver un espectáculo que es cruel o para curar sufrimientos… aún no lo decido.

De las cosas que te puedes enterar después de terminar con dos botellas de jerez, dos tragos de tequila, uno de vodka, dos botellas de Don Pedro y un presidente derecho (la bebida, claro. Pues ¿qué otra presentación existe?) . Los gatos que inauguraron las carreras clandestinas son los de su hermana menor… una chava casi mi edad que, después del mezcal (porque Raúl le quiso seguir), me la presentaría. No es que sea experto, pero Soledad no estaba muy satisfecha con que yo me enterase así. Cuando miró que llegaban los dos barriles nuevos, mejor de plano me dijo que tendríamos una cita si la sacaba de ahí y la llevaba a su casa antes de que los ebrios y su hermano (que aún no tenia suficiente, no se dónde les cabe tanto) abrieran el primero… Creo que no estaba tan borracho porque le pedí su número antes de que se bajara del carro de mi jefe o lo quedaba. Lástima que se le olvido escribir dos dígitos.

Ya hace una semana que no te visito. Es que con los exámenes de plano casi no hay tiempo. A partir del oso que tuve con Sol, decidí no volver a tomar… La estoy pagando caro. Mi jefe me prohibió usar el carro hasta que le pagara lo que le tuvo que hacer. Lo bueno es que cuento con el descuento del familiar y el de empleado: Me obliga a trabajar gratis en su taller y aparte me descuenta delante de mi familia cada que se acuerda… Como el contrato es por tiempo (dos meses), todas las mañanas me salgo a correr al parque y pues, por la tarde, a la escuela.

Dicen que el tiempo cura las heridas. No estoy de acuerdo. Las heridas perduran. La mente con el tiempo las cubre con cicatrices para proteger su cordura y atenuar el dolor… pero nunca desaparece. Hoy fuimos a visitar a mamá a su tumba. Y por mucho que hablamos con ella y a pesar del tiempo, no podemos resistir el haberla perdido así, tan de repente y de un solo tajo. Marisol, mi papá y yo tratamos de que nos vea felices pero sabemos, los tres, que siempre tratamos de esconder las lágrimas. Es como un lenguaje secreto entre nosotros. Comprendemos que el otro necesita consuelo, y tratamos de consolarlo aunque sabemos que las palabras nos las decimos mas para consolarnos nosotros. Siempre tratamos de enterrar ese dolor en el pasado y dejar que nuestra madre descanse. En su cumpleaños también la visitamos y comemos pastel. Pero hoy, que cumple año luctuoso, nos tomamos de la mano y le contamos nuestras aventuras y aciertos. Le mostramos que podemos seguir sin ella, pero que nos gustaría más que estuviera con nosotros… menos a Marisol porque le daría miedo (tiene 6 añitos). Ese día no fui a la secu. No tenia ganas de ver a nadie. Me quedé pensando en la soledad de mi recamara.

A menudo doy razones para ocultar verdades, pero hay verdades que no tienen nada que ver con las razones. Mi maestra de Gramática me quería castigar por que falté ayer, pero cuando le dije que falte porque mi madre se murió me quería correr del salón hasta que al menos me saliera una lágrima de cocodrilo o me pusiera morado… Lo que no le dije es que hace tres años que murió. Creo que eso me salvará por lo pronto.

Las penas no se olvidan, los hábitos no se borran. Se superan se cambian. Mi padre me perdonó la deuda de su auto con la condición de que siguiera corriendo por las mañanas. Él me acompañaría los martes, los jueves y los fines de semana. Pero los demás días me acompañaría al gimnasio. Que corrían por su cuenta los primeros dos meses y que después me lo pagaría yo. Cuando crezca me gustaría tener ese poder de convencimiento y de motivación que posee mi viejo.

Necesito contarte algo muy importante… ¿a quién crees que me encontré ayer en el parque? ¡A Soledad! Iba con dos amigas, Luna y Rebeca. Soledad es la líder del escuadrón. Rebeca la lamebotas y Luna la tímida que busca reconocimiento. Al parecer les sorprendió verme ahí, solo y haciendo ejercicio. Creo que porque no me habían visto, a excepción de Luna, después del choque… y de todo lo demás. Rebeca está en mi salón. Luna y Sol son de un grado menor.

Hoy, por llegar tarde a la clase de Formación Cívica y Ética, hacer un trabajo en equipo con Luna será mi tarea. Debemos hacer una exposición acerca de la amistad en la adolescencia y alguna noción del término enamoramiento. ¡Ah!, y concluir, especialmente yo como favor especial para la profe (así fue como lo señaló), la importancia del valor de la puntualidad. ¡No sé porque los profes la traen en mi contra!

Raúl me invitó a sus carreras otra vez, dijo que era la última porque se iría a estudiar a la capital. Que habría una celebración después y que honrarían a los gatos que murieron por la diversión de todos nosotros. No sabía que los guardaba. Lo peor es que lo hacia por una razón particular y fuera de serie… estudiará veterinaria. Lastima que no podré porque tengo que preparar la expo, y aún no preparo el favor especial para la profe…

Luna cumple 14 años la próxima semana. Me pidió que la acompañara a la playa por la mañana. Dice que conoce un lugar donde se forma un ojo de mar precioso y que le gustaría compartir conmigo pero que sería nuestro secreto. Por la tarde no me podría invitar porque la a la comandante no le caía muy bien. Y que por alguna razón cubría sus distancias a pie o en bici. Lo malo es que no sé que regalarle para que no diga que me quiero aprovechar, aunque me gustaría. Lo que nunca falla es el pastel, pero si vamos al ojo de mar no sería lo más lógico. Le regalaré un collar de conchas.

Mañana es el cumple de Luna. No sólo le hice un collar, sino una pulsera de hilaza, de esas que nos hacia mi madre a Mari y a mí cada cumpleaños. El collar es de conchas blancas con un colmillo de marfil como dije. La pulsera es de tres colores: amarillo, naranja y rojo. La idea es que si no le gusta uno, le guste el otro. Sería genial que le gustaran ambos pero es mujer… más vale prevenir.

Dos cosas, Fue lindo y difícil. Sol me declaro la guerra ahora sí. Al parecer sabían que Luna estaría en el ojo de agua en la mañana y la estaban esperando, lo que no se imaginaban es que estaría conmigo. Me dijo que la dejara de acosar y que no tratara de llegar a ella por medio de sus amigas. Lo que no sabe es que no me interesa ella, solo su conducta.

Raúl se va mañana, pero no nada más el. Toda su familia. Al parecer a su papa le hicieron justicia y le dieron un mejor trabajo que el de intendente de escuela, y lo mandaron de prefecto a la capital. A Soledad la inscribirán en esa escuela y a Raúl, pues a veterinaria. ¡Aún no me la termino de creer! Otra cosa es que Luna ya no se junta con sus amigas, sino conmigo. Creo que me agrada su compañía.

Rebeca lloró, al igual que la mayoría de los apostadores, borrachos y gaticidas de la zona. Luna se deprimió y no quiso asistir a la despedida de… Me dijo que pasara lo que pasara no me fuera de su lado. Y creo que no me quiero ir. Creo ya comprendí porque la luna es mejor compañera que la soledad...

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Jejeje... muy buena lectura. No lo escribi yoT.T

Carta a una niña que no quiere leer

Querida Brenda: Hoy has puesto de lado con disgusto el libro que elegí para que practicaras la lectura. ¿Cómo te convenzo de que nada puede compararse con ese torrente de emociones que es leer? Algún día me sentaré contigo y te explicaré por qué los libros son mejores que la tele. Los libros son etapas de la vida.
Hay una historia de un niño al que le encantaba leer y que un día encuentra el libro perfecto: un libro que no termina nunca. Creo que todo lector devoto encuentra un día su propio libro perfecto, el libro que lo conmociona a tal grado que lo hace amante de la lectura. Como David Copperfield, que se consolaba leyendo cuentos infantiles, algunos leemos como si en ello nos fuera la vida, usando los libros no sólo como un consuelo, sino como una manera de navegar por la realidad, de descubrir cómo sobrevivir en un mundo tantas veces hostil hacia la imaginación.
Mi libro perfecto fue precisamente La historia sin fin, de Ende. Cuando te topes con esa historia maravillosa –cualquiera que ésta sea– pasarás tardes enteras delante de las páginas impresas, con las orejas ardiéndote y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidada del mundo sin darte cuenta de que tenías hambre o de que te quedabas helada. Eso es algo que deseo que te suceda.
“¿Qué cosa parecida obtenemos hoy al leer que pueda igualar la emoción y la revelación de esos primeros 14 años?”, preguntaba alguna vez Graham Greene refiriéndose a sus primeros libros perfectos.
Añoro que al leer Beau Geste sientas el calor del desierto, la cara roja por la arena transportada por el viento y la lengua pega-da al paladar, mientras acompañas a Miguel Geste por las dunas en busca del Agua Azul, el enorme diamante que desaparece misteriosamente. Pero no dejes a Geste solo en el desierto. Te aseguro que si abandonas el libro, él se quedará ahí para siempre, sin encontrar a su amada Isobel. Si dejas al Capitán Bligh en Hombres contra el mar luchando contra la tormenta en su frágil lancha, con-tenderá eternamente con las olas y los arrecifes, a menos que tú lo acompañes a buen puerto.
Algunas de estas historias leerás en lo secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque papá o mamá o alguna otra persona habremos apagado la luz con el argumento bien intenciona-do de que tienes que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito. Y te estarás preguntando si Douglas Quail, en un pequeño y maravilloso cuento titulado Usted lo recordará perfecta-mente, estaba imaginando o realmente fue a Marte. Si lees Momo, nunca volverás a ver la Luna como lo hacías antes, porque habrás descubierto que en realidad no es la Luna, sino el espejo de la niña, de Momo, pero esto no debo contártelo, porque quiero que tengas el placer de leerlo por ti misma.
Con ciertos libros llorarás abierta o disimuladamente lágrimas amargas porque una historia maravillosa acaba y habrá que decir adiós a personajes con los que creciste, a los que querías y admirabas, por los que habrás temido y rezado, y sin cuya compañía la vida parecerá vacía y sin sentido. Igual que Lucy Barfield y sus primos, de regreso a casa tras su viaje por Narnia, extrañarás el sabor de los tocinos de cielo y te preguntarás si será posible seguir adelante sin la presencia reconfortante de Arlán. Tal vez añores como yo escuchar la voz de Graógramann, el león de La Historia sin fin, en los momentos más terribles de la vida.
Si puedes, lee libros gordos, flacos, pequeñitos, lujosos y mal-tratados, con dibujos y sin dibujos, y te darás cuenta de que, con frecuencia, libros olvidados que dormitan en algún rincón, con-tienen historias extraordinarias, más allá de todo lo imaginado. ¡Quién sabe cuántas narraciones imposibles y encantadoras des-cansen ahí esperándote!
Pero no todo es fantasía y ficción. Hay también libros con cosas reales, y con el poder de hacer que la Tierra gire para el otro lado. Hace algunos años, un estudiante llamado Smith encontró en un convento de Jerusalén un libro de apariencia inocente, cuya existencia nadie conocía, y que ha puesto a discutir a todo el mundo acaloradamente. Tal es el poder de las hojas empastadas.
Otro placer muy señalado encontrarás en regresar a tus viejos libros cuando seas mayor, lo cual será como un reencuentro de esos que en la vida nos pasamos añorando y nunca tenemos. Ahí estarán, guardados amorosamente, tus compañeros Miguel Geste, Momo con su falda de remiendos, el imponente Graógramann, Douglas Quail y William Bligh, el capitán que venció al mar. Con ellos, estará empastada la historia de tu vida. Y luego, algún día, tendrás edad suficiente para empezar a leer cuentos de hadas de nuevo.
Pero, por ahora, tengo que intentar convencerte de que tomes de nuevo el libro y leas La isla del tesoro.
Gustavo Vázquez Lozano*

* Escritor. Es autor de La Estrella del Sur (Pág. 44 de esta revista) y The Rolling Stones: Bailando con el diablo, entre otras.

martes, 1 de septiembre de 2009